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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cierres IV.

“Sí, tener noticias tuyas es como abrir una ventana, pero entonces me 

vienen unas ganas casi incontenibles de abrir más ventanas y, lo que es 

más grave (qué locura), de abrir una puerta.”


Mario Benedetti.


El ascensor estaba ocupado. No le quedó otro remedio que sentarse un momento en las escaleras que había junto a los buzones para recuperar el aliento. La carta saltaba inquieta en sus manos. En el anverso aparecía su nombre, con un "Sra." delante que le hizo gracia, en el reverso, el de él. ¡No podía ser!, pero allí estaban su nombre y su letra, sobria, equilibrada, la misma que no leía desde hacía más de treinta años.

Desde que Juan regresó a la ciudad no paró de buscarla por las céntricas calles donde desechaba rostros, uno tras otro, tras una mirada mínima pero eficaz. La buscó en las librerías y cafés remodelados, ubicados en los mismos lugares que frecuentaron entonces. La idea de encontrarla a través de las redes sociales resultó también inútil. La casualidad se lo puso más fácil; la primera tarde de lluvia del recién estrenado otoño le obligó a resguardarse en una cafetería, donde un amigo común, no tuvo problema en contarle más de lo que él estaba dispuesto a preguntar.

La carta le pareció la manera menos invasiva, más respetuosa, de dirigirse a ella: de esta manera podría tomarse su tiempo, decidir si respondía o no, Si no obtenía respuesta siempre le quedaría el consuelo de pensar que la dirección era errónea, que se había extraviado, que algún vecino vengativo la sustrajo del buzón porque, quizás, tenía un perro que ladraba por las noches.

Pese a lo que había pensado los días anteriores, no estaba nerviosa. La imagen que devolvía el espejo le gustaba, se sentía segura, alegre. Sonrío al imaginar la cara de Juan cuando la viera con su cuidado y costoso cabello blanco, la última vez que se vieron lucía una melena caoba que se precipitaba por su espalda hasta la cintura. Nunca había tenido una cita en su casa, tomó esa decisión años atrás, sin embargo, había dado cobijo a multitud de familiares que venían a pasar unos días a la capital, a jóvenes Erasmus -amigos de los amigos de sus sobrinos- e incluso, a alguna inmigrante sin papeles.

El timbre sonó cálido y familiar. Cada paso hacia la puerta empujaba a la habitación de los trastos los fantásticos viajes para "singles", la única copa en el fregadero, las dudas y certezas digeridas en silencio, el previsible e inofensivo frío de las noches de invierno.


domingo, 27 de abril de 2014

Nueve

"Oíd, oíd, qué hermoso río que suena en ti llamando, humano, humano, humano..."

Miguel Abuelo

Pablo y yo a pocos kilómetros del nacimiento del Guadalquivir, seguidos de cerca por la cámara de Rafa él.

Regresamos al tramo del río que tanto te gusta y enseguida comprendes que no es el mismo. Sin el calor y las risas del verano parece más profundo y distante. Te acercas a él sin la determinación de entonces; descubrir bajo su fría transparencia un lecho de piedra produce un poquito de miedo.

Reflejados en sus aguas, el río puede ver cierto desconcierto en tus ojos, tan transparentes como él, evasivos, como diría la abuela. Desde el último estío has aprendido a dividir y a nadar al estilo mariposa, has hecho algún descarte, si esto es posible en un niño... también has descubierto, entre risas, entre llantos, que "la vida es difícil y dura", por eso tiene aún más valor cuando afirmas que eres feliz, porque lo haces desde la consciencia y el aprendizaje. ¿De verdad piensas eso?... A menudo los hijos se nos parecen.

¡Felicidades, Pablo! ¿Te apetece un regalo sin ruedas ni pilas?


 "Canto, río con tus aguas;

De piedra, los que no gritan.
De piedra, los que no ríen.
De piedra, los que no cantan.

Yo nunca seré de piedra;
Gritaré cuando haga falta.
Reiré cuando haga falta,
Cantaré cuando haga falta."

Rafael Alberti.



sábado, 1 de marzo de 2014

"La vida es difícil y dura"

"No todo son días de sol,
y la lluvia, cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad como la felicidad
naturalmente, como quien no extraña
que haya montañas y llanuras
y que haya rocas y haya hierba..." 

Fernando Pessoa (Alberto Caeiro)

"La vida es difícil y dura".

Pablo

La verdad es que la frase de Pablo es mía, aunque incompleta, siempre añado "y terriblemente injusta",  y es precisamente la injusticia lo que convierte la -por otra parte natural- dificultad y dureza de la vida en dolorosa e insoportable.

A partir de la frase llego también a otra conclusión: Mi hijo me escucha, especialmente cuando menos me interesa. Ya sabemos que cuando parece orbitar en galaxias lejanas y desconocidas mantiene los sistemas receptores de información perfectamente conectados, así que, cuando hable, deberá vigilar atentamente mi audiencia; no quiero que un niño de ocho años me diga con la boca llena de pasta de dientes que la vida le parece difícil y dura y se vaya a la cama con cierta dosis de aflicción envuelta en un pijama rojo de "Spiderman". Las palabras generan pensamientos, y nuestros pensamientos determinan nuestras acciones. De todos modos, me queda la tranquilidad de que los niños aprenden, más que por las palabras que pronunciamos, por los modelos que imperan en su entorno, y creo que él no tendrá duda de que enfrento la vida con verdadera pasión y tenaz, muy tenaz, entusiasmo.

La siguiente secuencia de la película "El pianista" es una muestra de lo que deseo expresar, asombrosamente, sin palabras. La vida... difícil, desoladora, injusta y de repente, se abre paso la Balada para piano nº 1 de Chopin.

 Confío en que algún día lo entenderá.







lunes, 30 de diciembre de 2013

Abrazos y besos.

"Yo abrazo, delicia pura, tu cara desconocida, idéntica a mi alma."

Marguerite Yourcenar


Llegadas estas fechas, nos ronda la temible tentación de hacer balance del año que acaba, por lo general cualitativo -el cuantitativo mejor lo dejamos a economistas, banqueros y gente sin corazón-. Pero, si quisiéramos cuantificar lo cualitativo ¿cómo lo haríamos?. Por ejemplo: ¿Cuántos besos y abrazos he dado este año?, ¿Cuántos he recibido?, ¿de qué tipos y calidades?, ¿el saldo ha resultado positivo o negativo?

Mientras trato de recordar el oportuno abrazo que me devolvió el calor, o aquel beso con sabor a menta, os dedico estos.




Abrazos y besos de amor y lucha, de larga espera, a veces, recompensada. Fraternales, insurrectos, discretos o exultantes, íntimos o desafiantes. Abrazos y besos que hacen posible la unión inmaterial de dos almas, aunque más tarde descubramos, que no eran idénticas .




¡FELICES Y CUALITATIVOS BESOS Y ABRAZOS!




lunes, 14 de octubre de 2013

Reválida.

"Al mirar atrás
¡ah!
la montaña de la que desciendo
ha desaparecido.
En el lugar donde estoy
la brisa otoñal agita
indolente
la piel que mudó la serpiente."

Ko Un



                             
                                                  The English Patient. (1996)


Me pregunto cuántas veces mudados la piel a lo largo de nuestra vida. En ocasiones, con premeditada intención y esfuerzo, la cambiamos por una radicalmente diferente, pero con el paso del tiempo, comprobamos que se parece demasiado a la anterior. En otras, la piel dejada atrás nos parecerá tan extraña como aquellos amigos que un día, dejaron de serlo,  De todas formas, poco importa lo parecida o extraña que sea,  lo importante es que cambiamos y en el proceso una parte de nosotros queda atrás.

Una vez transité la cara oculta de la Luna y desde entonces mi ángulo de visión ha cambiado; no es necesariamente mejor, ni peor, quizás tiene mayor amplitud y menos filtros. Me hace ver más claros y más oscuros, soy más feliz y más infeliz y me insta a revalidar el propósito de no dejar atrás una piel que no se haya estremecido con cada nuevo descubrimiento, con Cicerón o sin él, con antorchas resplandecientes o sin ellas.


sábado, 27 de abril de 2013

Ocho

"El Principito salió de su mundo en busca de aventura y en cada planeta se topó con una lindeza del alma humana. No se levantó del pupitre, sino que aprendió la lección y se la recitó al mundo."

Antoine de Saint-Exupéry


"Mon petit prince" va saliendo de su mundo. Le cuesta, porque el otro mundo, el "real", ese en el que por momentos coincidimos todos, se lo ha puesto difícil en el último año. Ha sido un ciclo de pérdidas, de cambios, de lluvia y antibióticos inútiles. Ha experimentado el dolor de las ausencias, lo irremediable de la muerte, y comienza a comprobar cómo los afectos nacen, crecen, se reproducen y mueren "¿También son seres vivos?", aunque afortunadamente también hay hechos que no cambian "ocho por cuatro treinta y dos"...

Hoy cumple ocho años y aún no le he comprado nada -ya tuvo su fiesta de amigos y regalos-, prefiero regalarle la frase de Saint-Exupéry. Es un regalo valiosísimo, lo sé, encontrar la lindeza del alma humana y recitarla al mundo nos llevará tiempo y empeño, pero ya hemos comenzado a derribar torres habitadas por fantasmas, apartamos sutiles telas de araña y dejamos caer poco a poco saquitos de arena, que vistos desde  muy arriba, no alcanzamos a entender por qué nos parecían tan pesados. 





El lunes mientras caminaba hacia mi trabajo sintonicé en una emisora de radio esta canción...o ella me sintonizó a mí. La he buscado en You Tube pero ninguna de las versiones que he encontrado puede verse en Blogger. Siento la publicidad, pero tenía que ser ésta.


domingo, 24 de marzo de 2013

Subterfugio XI: Jazmines

 "A veces me escribe la infancia
 una tarjeta postal: ¿Te acuerdas?"

Michael Krüger 

Qué maneras más curiosas de recordar...


En una de estas tardes, una tarde como cualquier otra, avanzo bajo la lluvia parapetada por paraguas y auriculares escuchando un programa de radio en el que los oyentes hablan de sus flores favoritas y el motivo por el que lo son. La memoria funciona así, de manera caprichosa, azarosa, y enseguida brota de mi boca la palabra jazmín. No llega sola, viene acompañada de un tesoro que había olvidado. Algún enter activó de manera precisa una llave dispuesta a abrir una cerradura o presionó algún resorte debilitado, lo cierto es que una oleada de emoción asociada al recuerdo fue bajando por mi médula espinal hasta liberarse a la altura del pecho, la garganta más tarde, encontrando finalmente el canal de salida de los ojos, en forma de lágrimas. Camino deprisa y llueve torrencialmente; nadie parece darse cuenta.

Debía tener seis o siete años aquella mañana de un verano en su pleno apogeo en la que desperté confundida al percibir alborozo en la voz de mi madre.

-¡Vamos, ven al patio. Esta noche ha nevado!

Infancia y pereza son contrarios siempre que exista una promesa de novedad escondida en cualquier rincón, así que la sigo sin tiempo de desperezarme un poquito, sin frotarme los ojos siquiera... El suelo de arcilla roja del patio amaneció cubierto por decenas de jazmines blancos. Realmente parecían copos de nieve permanentes y cálidos, de aroma dulzón. Nunca había visto tantos, mi madre solía barrer y regar el patio antes de que despertáramos, en parte para avanzar en su quehacer diario, pero con total seguridad porque aquella actividad solitaria del amanecer debía suponer un auténtico placer en medio de su rutinaria tarea de hacer camas y fregar suelos y platos.

Al comienzo de cada verano, en un acto que parecía mágico, del ceniciento tronco del jazmín brotaban ramas y más ramas y de éstas, hojas y más hojas, que se enredaban en un entramado de alambre que cubría todo el patio. 

Cualquier día, regresaba de las calurosas y festivas mañanas de colegio de finales de junio y lo descubría como si hubiera crecido de repente, para darme una sorpresa tras mis breves horas de ausencia. La medida del tiempo en la niñez, es otra.

Mi madre tenía "buena mano" para las plantas fundamentada en cuidados muy básicos pero perseverantes,  un toque de intuición y una fe inquebrantable en el poder de la Naturaleza, segura de que ésta sabría compensar sus descuidos y errores. Pero al jazmín se topó con la solidez de mi padre y su elogio de la firmeza y los buenos cimientos. Mientras la mirada de todos trepaba por las ramas de la planta, la de mi padre se centraba en el arriate junto a una de las paredes de la casa y en los centímetros cúbicos de agua que engullía cada verano. Una pequeña grieta que ayer no estaba, un imperceptible milímetro de separación entre el suelo y la pared, una ligera curvatura en el terreno; el hecho es que hubo que cortar el jazmín como antes se cortó el melocotonero y después, la hiedra. 

Ahora, que mi padre ya no está y la presencia de mi madre se vuelve más frágil trato de reconocerme en ambos; en la solidez de mi padre, sin duda, aunque si la ocasión lo requiere, también puedo andarme por las ramas.

Aquella mañana de julio mi madre me colocó en el centro del patio y comenzó a sacudir con fuerza el tronco del arbusto para que una nevada de jazmines cayera sobre mi pelo.


jueves, 7 de febrero de 2013

Diálogos entre Amor y Libertad


"Ámame
pero no te acerques demasiado;
da lugar a que el amor
celebre su dicha.
Deja siempre un mechón 
de mi pelo rubio
libre."

Maria Wine



Trois couleurs: Blanc.Krzysztof Kieslowski (1994).


- Hello my Love.

- Ça va, ma Liberté? Pero, ¡otra vez no! Volvemos a hablar idiomas diferentes. ¿Es que siempre tiene que acabar de este modo?

- Te lo he dicho de todas las maneras posibles, te lo he demostrado una y otra vez, lo nuestro no puede ser porque cuanto más eres tú,  menos soy yo.

- Pero el sentido de la libertad es el amor. No has leído el libro de San Agustín que te regalé para nuestro aniversario ¿verdad? Lo deja bien claro: "Ama y haz lo que quieras".

- No he encontrado el momento adecuado para leer ese libro, necesitaría un estado de deliberada soledad. Por cierto, no me has comentado nada sobre la frase de Marguerite Yourcenar que te dejé en un pósit en la cocina.

- Si, la leí, y me diste el desayuno: "El amor es un castigo. Somos castigados por no haber podido  quedarnos solos". Me pregunto si no habrás confundido la libertad con el individualismo y el egoísmo, peor aún con el miedo al compromiso, a la felicidad.

- La felicidad... Ay, Amor, a veces yo también me lo pregunto...y es que sin ti, tampoco soy.



"También se puede encontrar la libertad
en solitario,
en-cerrado
entre cuatro papeles,
es decir ¡libre!
Claro que es una libertad canija.
La libertad robusta
sólo la sentiréis encadenados
aprisionados
casi ahogados
en los brazos de quien amas y te ama. "


Gloria Fuertes




lunes, 31 de diciembre de 2012

Campanadas



"Desnudo, hojas verdes y busto". Picasso (1932)

Por el delicioso aroma que salía del horno el pescado debía de estar en su punto. La música de Cole Porter, que a él le gustaba y a ella le traía el recuerdo de las viejas películas que veía su padre, fue expandiéndose hasta ocupar todo el salón, iluminado únicamente por la luz de las velas. Antes de llegar al cuarto de baño se miró en el espejo del pasillo, era una lástima no salir a cenar fuera y lucir su magnífico vestido, "ya  surgirán otras ocasiones"- se dijo-. Mientras retocaba sus labios sonó el teléfono. Al principio pensó que se trataba de un error, su voz sonaba tan extraña y lejana...

-¿Cómo que no vienes, qué ha pasado? -escuchaba palabras inconexas, silencios, titubeos-.

-¿Qué quiere decir que te has equivocado? Equivocado de qué...

Él había colgado. Un casi imperceptible "espero que me perdones", fueron sus últimas palabras.

Notó cómo la sangre huía de sus venas y un ligero mareo la obligó a sentarse en la taza del water: "Lo sabía, lo sabía", se repitió una y otra vez.

En cuanto recuperó el pulsó comenzó a caminar por toda la casa intentando recordar cada una de sus palabras. No tenía sentido, o tal vez sí, ahora comprendía por qué en los últimos días estaba incómodo, distraído, incluso antipático.

-Estúpido...¡Estúpida!

Casi se derrumbó al llegar al salón y verlo tan preciosamente dispuesto para nada. Eran apenas las nueve, en menos de media hora podría estar en casa de sus padres y cenar en familia, aunque enseguida descartó la idea; en cuanto la vieran aparecer vestida de diva y con los ojos emborronados tendría que soportar el "te lo dije", en la mirada de su madre, y los chistes y bromas de su cuñado, que pasarían a formar parte de su repertorio de Nochevieja año tras año, hasta llegar a sus nietos, en el hipotético caso de que alguna vez tuviera hijos.

Buscó el amparo del sofá llevando consigo una copa y lo que iba a ser "la joya de la corona" de la noche, una botella de vino tinto que le había costado un disparate. El chico del supermercado se la recomendó con todo todo tipo de detalles en un excelente francés. Realmente era encantador, siempre tan amable y solícito; ahora que lo pensaba le pareció contrariado cuando le explicó lo de la cena, el vino...Tenía razón su amiga Manuela, siempre elegía mal.

Un estrépito de petardos y risas la rescató de su sueño de vino y la situó en el nuevo año sin uvas ni campanadas. Intentó levantarse para ir a la cama pero le parecía un esfuerzo mayúsculo e inútil. Allí tenía todo lo que necesitaba: una botella medio llena y el mando a distancia para accionar el "play" del reproductor de CD. Como pudo se zafó del vestido que quedó inerte y desvalido a un lado del sofá, se sirvió otra copa y dejó que la música se colara bajo su piel.



       




domingo, 25 de noviembre de 2012

Cierres II


"He visto llorar a mucha gente en el mundo
Y he aprendido a llorar por mi cuenta.
El traje de las lágrimas
Lo he encontrado siempre cortado a mi medida…"

León Felipe


Cuando ella se fue, vertió todas las lágrimas de las que fue capaz. Recorrió un día tras otro el bosque que conocía como la palma de su mano, con pasos tristes y lentos al principio, rápidos y llenos de furia después, sin mirar donde pisaba, perdiéndose y encontrándose continuamente, abandonándose sobre el musgo húmedo, la escarcha de enero o la tierra palpitante, lista para parir una nueva primavera.

Su marcha le obligó a retornar al punto del que en realidad no se había movido, a la nada en la que creía permanecer ileso, donde se reconoció como perdedor sin riesgos ni apuestas. Seguía viviendo en la casa en la que nació y desde pequeño trabajó en la imprenta familiar, en la que invirtió sueños que se desvanecían entre el monótono sonido de la prensa. Ahora sus proyectos eran inviables, la imprenta daba lo justo para pagar facturas y el sueldo de su tío, auténtico motor del negocio.

Encontró refugio en lugares transitados por antiguos amigos y en un amor de juventud que lo liberó de la angustia que le producía tener que atravesar la solitaria extensión de otro invierno. La aparente normalidad en la que transcurría su vida no le impedía sentirse tan extraño como cuando siendo un adolescente,  fue consciente de que su dirección era contraria a la de sus amigos. Ellos transgredían, soñaban, huyendo siempre hacia fuera, saliendo a la calle, ascendiendo a buhardillas, árboles y azoteas, mientras que él se refugiaba en el sótano, en su rincón invisible, cómplice de libros prohibidos y cigarrillos con sabor a beso.

Aquella tarde le pareció posible. Llevaba días de noches en blanco, calculando milimétricamente los inconvenientes, decidido a dar el paso, un paso: el primero. En el zaguán de la casa permaneció inmóvil, miró sus zapatos sobre el escalón de mármol gris, resquebrajado desde hacía más de treinta años, y deseó que una brisa lo empujara suavemente hacia fuera, un viento, un huracán, un cataclismo...

Poco a poco comenzó a escuchar los ruidos de la calle y la voz cada vez más cercana de su tío que lo llamaba desde el sótano.

-Este chico no sé dónde se mete. ¡Baja, que te está esperando Consuelo!

Buscó un lugar donde guardar la maleta sin dejar de limpiarse las lágrimas con la manga de la chaqueta nueva, y bajó lentamente las escaleras sin encender la luz.

     

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viernes, 14 de septiembre de 2012

Perdonen las molestias

Me han salido canas.

Recuerdo aquella frase que decían mis padres y los mayores en general: "las canas salen a consecuencia de los disgustos" y que a mí me parecía una solemne estupidez; lo determinante en este caso debería ser la herencia genética y el inevitable proceso de envejecimiento. Sin embargo, después de este verano, acepto que algo de verdad esconde este dicho ya que en un par de meses he pasado de exhibir -no sin cierto orgullo- una melena cuarentañera libre de tintes, a tener que plantearme pedir cita en la peluquería para poner remedio a este mal tan común.

Retomo el curso no solo descubriendo nuevas canas en cada mirada al espejo, sino con la sensación de tener horchata en las venas. Vivo en un estado semianestésico en el que afronto el día a día con una tranquilidad desconocida y con niveles de escepticismo próximos a prima de riesgo española, después de asumir ceses y eternidades y comprender que el auténtico verano para un niño es la salud, que es absurdo prepararse para la ausencia de un ser querido, que los cambios libremente elegidos pueden ser tan difíciles como los impuestos, que quién dijo aquello de "borrón y cuenta nueva" pretendía engañarse a sí mismo.

Este poema de Eeva Kilpi me parece extraordinario. De una manera concisa y hermosa nos revela la continua paradoja que provoca en nosotros el amor...o la vida, esa vida que debería de venir acompañada de un entrecomillado "perdonen las molestias". 


"Dime si molesto,
dijo él al entrar,
porque me marcho inmediatamente.

No sólo molestas,
contesté,
pones patas arriba toda mi existencia.
Bienvenido."


¡Bienvenida!



 

martes, 3 de julio de 2012

Solsticio


Hace tiempo me ronda la idea de que vivo una etapa de solsticio de verano, ese punto álgido y pleno a partir del cual no puedes hacer otra cosa que descender, no por el cansancio, los reveses, ni los años cumplidos, sino por el hecho de traspasar el meridiano a partir del cual, transcurridas unas cuantas rotaciones, divisarás un horizonte cierto e inédito, marcado por las pérdidas.

Mi padre murió hace unos días después de una larga vida de lucha irrenunciable hasta su último aliento, que me perdí.

Estamos biologicamente programados para vivir y desde que nacemos luchamos por la supervivencia, por la felicidad, el poder o el deseo intentando dar sentido a lo que no lo tiene. Son muchas las batallas que ganamos día a día y debemos celebrarlo con verdadera alegría, porque la última será una batalla tan necesaria como perdida.




                   "Struggle for pleasure"  (Win Mertens Ensemble)




viernes, 27 de abril de 2012

Nana para un niño grande.

"El corazón,
que tenía en la escuela
donde estuvo pintada
la cartilla primera,
¿Está en ti,
noche negra?

(Frío, frío,
como el agua
del río.)"

Federico García Lorca


Reviso los armarios, pero nada, prácticamente toda la ropa del año pasado le queda pequeña; también los juguetes, los libros, las canciones y las respuestas..."Eso es de bebés", dice mientras deja caer la mano en un gesto de desdén aprendido y algo teatral.

Con un niño todo es nuevo: ropa, juguetes, libros, canciones y preguntas; requiere un esfuerzo de renovación constante, de presente eternamente renovado. Mientras crece, todo se queda pequeño; el presente se convierte en pasado sin tiempo de preguntarse ¿dónde está?


¡Felicidades Pablo! Esta nana es para ti. No, no es para bebés, es para niños grandes. Como tú.

"Nani, nani" (Música sefardí). Ensemble Antequera


domingo, 8 de abril de 2012

Contrastes

Un solo día lejos de la rutina te muestra una infinita gama de contrastes que en el día a día aparecen atenuados o diluídos, reconocidos y asumidos. 

Es posible que no lleguemos a entender la verdadera dimensión de lo que nos sucede sin un significativo contraste. De esta manera, la luz más necesaria llega a ser dolorosa en medio de la oscuridad absoluta; la soledad, se vuelve desesperante después de la amistad o el amor e incluso podemos sentir, en un momento de plena alegría, ese viejo aire helado que se instala dentro cuando la caprichosa memoria, sin aviso, nos revela una verdad, un recuerdo o una ausencia...

Y también el invierno, tan difícil de soportar esta primavera.


Cerezos en flor  (Sierra Mágina)


viernes, 16 de diciembre de 2011

Cierres

Echó el cierre con la rutinaria puntualidad de cada noche, sin dedicar una mirada definitiva al interior de la tienda, a cada una de sus estanterías y armarios, a los muestrarios de hilos y botones, tal y como había supuesto. Caminaba por la calle contrariada por haber elegido aquellos zapatos de tacón que ahora le parecían absurdos sobre las resbaladizas piedras de la calle, sobre todo, porque a él le resultarían extraños. Cruzó la Plaza Central en dirección al restaurante donde cenarían juntos por última vez, y le pareció aún más deplorable con aquella decoración  navideña pasada de moda; casi se estremeció al pensar que mañana, la luz de la ciudad desmesuradamente iluminada, se colaría por la ventana de su pequeño apartamento nuevo, sin olor ni recuerdos.

La semana anterior se fue despidiendo de sus pocos seres queridos tratando de contener emociones, para no levantar sospechas. Visitó a su tía en la residencia como cada miércoles y una vez más, se saltó las normas y la diabetes que había dejado prácticamente ciega a la anciana, obsequiándola con una figurita de mazapán que fue recibida con un alborozo desproporcionado. Su tía, siempre excesiva, incluso cuando la rescató de aquel pueblo donde sólo había pasado, donde siempre sería la niña de aquella pobre mujer, convirtiéndola en heredera sin opción de su casa y de su mercería, incluso de su nombre. También se despidió de Lola, la única amiga con la que podía disfrutar de una buena conversación dentro de un decorado familiar compuesto por colores cálidos, marido y niños, tantas veces anhelado, aunque después de transcurridas unas horas, abandonaba gustosa para entregarse al silencio que invariablemente la esperaba en la casa. En esta ocasión, antes de marcharse, dejó sobre la generosa mesa de su amiga un libro de poemas con una dedicatoria necesaria, que pasado un tiempo entendería.

Él estaba esperándola cuando dobló la esquina y al verlo notó un ligero temblor en las piernas; el esperado interrogante en su mirada -los dichosos zapatos-, la despedida más difícil. No, no podría decírselo, se lo explicaría después, cuando todo estuviera tan bien cerrado que resultara imposible volver a abrirlo. Cenaban dedicándose frecuentes sonrisas y escasas palabras, unidos desde el comienzo por su soledad y la ausencia de sueños: él, porque los había ido frustrando en base a obligaciones y pretextos, ella, porque nunca los había tenido. Largo tiempo había pensado en todas las posibilidades pero no encontró ninguna puerta por la que pudieran pasar los dos, ni siquiera le dejaría un regalo para atenuar su tristeza  ya que terminaría convertido en una reliquia más junto a su colección de fósiles y vinilos. Aquella noche se esforzaría en que se sintiera especial; sabría encontar las palabras, las caricias adecuadas.

El despunte del alba la animó a acelerar la marcha, a desprenderse de cualquier duda o remordimiento; esta vez la prisa se puso de su parte y le dejó el tiempo imprescindible para recoger las maletas y cerrar la puerta de una casa que siempre la acogió como a una inquilina. En el breve trayecto en taxi hacia la estación, cerró la mano en torno a la llave y cuanto más fuerte la apretaba, más puertas se abrían en su camino.




"La nueva inquilina". 1982 Cristóbal Toral


martes, 11 de octubre de 2011

El sueño





Vuelvo atrás sobre mis pasos,  más veloces que mi pensamiento, al observar algo diferente en la pared de ladrillo de todos los días, la que parece herida, atravesada por una grieta y sellada con testigos metálicos.

Descubro una pequeña rama de hiedra que no duda en erguirse ante mi presencia mostrando una sonrisa vegetal y burlona, consciente de que sorprende en su osadía. Imagino el pequeño brote unas semanas antes buscando el resquicio por el que se cuela esa luz de la que es inútil escapar; todo impulso vital tiene por objeto encontrarse con ella, a pesar de la incertidumbre que conlleva traspasar la pared que hasta ahora le ha proporcionado cobijo ante las inclemencias del tiempo, o prescindir de los cuidados periódicos del jardinero que se ocupa de las plantas del residencial, renunciar a la humedad asegurada aunque impregnada de efluvios de cloro de piscina... 

Por un momento pienso que todo es posible y me contagio de un buen humor huidizo y caduco, como la tarde de domingo que paso en el parque en este otoño raro, dudando si tal vez, sólo ha sido un sueño.



"O sonho". Madredeus. 1997


Quem contar / Quiero contar
um sonho que sonhou / Un sueño que tuve
não conta tudo o que encontrou / No contaré todo lo que descubrí
Contar um sonho é proibido / Contar un sueño está prohibido
Eu sonhei / Yo soñé
um sonho com amor / Un sueño de amor
e uma janela e uma flor / Con una ventana y una flor
uma fonte de água e o meu amigo / Una fuente de agua y con mi amigo
E não havia mais nada... / Y no había nada más...
só nós, a luz, e mais nada... / Sólo nosotros, la luz y nada más
Ali morou o amor / Allí quedó el amor
Amor, / Amor,
Amor que trago em segredo / Un amor que guardo en secreto
num sonho que não vou contar / en un sueño que no quiero contar
e cada dia é mais sentido / Y cada día se me hace más hondo
Amor, / Amor,
eu tenho amor bem escondido / Tengo un amor bien escondido
num sonho que não sei contar / Dentro de un sueño que no sé cómo contar
e guardarei sempre comigo / y que guardaré siempre conmigo.


miércoles, 31 de agosto de 2011

Hay momentos...y lugares.


Hoy terminan mis vacaciones que siempre inicio como una promesa de eternidad.

Desde el último solsticio he comprobado como los días iban acortándose mientras que los momentos vividos en cada uno de esos días se acumulaban, intentando hacerse un lugar.

He vivido momentos alegres de sorpresas y encuentros... y momentos de sorpresas y reencuentros de tristeza dulce; momentos de inmersiones y de salir a flote, momentos divertidos, absurdos y de ponerse a prueba.

He visitado lugares distantes y extremos: el húmedo bosque celta guardián de leyendas y de magia, el paisaje semidesértico del sureste que nos demuestra que es posible una belleza sin agua y la extensión de secano; olivos y polvo, tejados y asfalto, que veo desde mi ventana como veo el mar, siempre que me lo propongo.



Iglesia románica de San Juan de Amandi (Asturias).



Me quedo con esta fotografía como imagen de mi verano, aún sin saber si la elijo por el lugar, o por el momento, o porque ambas cosas son lo mismo.




Imagen: Utopazzo

jueves, 30 de junio de 2011

Subterfugio VI: El verano

Sumergida en la noche de verano sin sueño, asciendo lentamente hasta el nivel de la superficie que me permite comprobar que todo está en orden, detenido; de esta manera puedo zambullirme de nuevo, esta vez a mayor profundidad, hacia el reencuentro con la noche, el calor y su abrazo.


Siempre él mismo, sin embargo, percibo una brisa diferente sobre la espalda, una vieja palabra convertida en nueva para mis oídos mientras persigo el avión, que intermitentemente, describe su trayectoria hacia el norte en el oscuro rectángulo de la ventana. Y vuelo con él. Poco después, en lo que parece un instante, la franja anaranjada del levante revela un amanecer sin despertador ni prisa, ofreciéndome una prórroga que celebro como un indulto.


Una mañana de estas... voy a levantarme cantando.




"Summertime". Janis Joplin (1968)



jueves, 23 de junio de 2011

Antónimos

sólo se gana lo que se da.”

Antonio Machado




Nos despedimos de la necesaria rutina para dar la bienvenida a la ilusión del verano,
con risas desbordadas y tristezas previstas.
Luces e incertidumbres,
trabajo y descanso.
Aciertos, errores,
regañinas y abrazos.
Aulas repletas de experiencias recientes, ahora, vacías.



miércoles, 27 de abril de 2011

Pablo y el universo

El crecimiento de un niño nunca deja de sorprendernos a pesar de ser un hecho tan esperado como inevitable. Podemos comprobarlo fácilmente a partir de datos de lo más objetivos, en su mayoría cuantitativos: peso, talla, percentiles... sin embargo, la medida y sobre todo el modo en que cada niño madura, conoce, comprende, es única y exclusiva y cuando por fin entiendes ésto buscas todas las revistas y guías de ayuda para madres y padres inexpertos que tienes en casa, junto con el popular "Duérmete niño" del Dr. Estivill, y los depositas en el contenedor de reciclaje, momento absolutamente liberador en el que por fin respiras tranquila, igual de inexperta y desorientada, pero liberada.

Hoy Pablo cumple seis años y crece, muchas veces a su pesar, porque sabe que crecer tiene un precio, por ejemplo, el doloroso trance de asumir una buena dosis de frustración. Poco a poco comprende que existe el NO, que muchos de sus deseos son sencillamente imposibles e inalcanzables por mucha imaginación que derroche, por más que grite o llore.

Cada día descubre y se descubre. Como en el juego de la búsqueda del tesoro deberá ir desvelando pistas, adivinando acertijos y sorteando diversos obstáculos hasta desenterrar un magnífico tesoro que hace apenas unas semanas ni siquiera existía.

Las últimas pistas seguidas lo han llevado al descubrimiento de la belleza y grandiosidad del Universo. Asimila algunos conceptos con sorprendente facilidad, como que en realidad es la Tierra la que gira alrededor del Sol :"¿Por qué me decías que el Sol se ocultaba tras las montañas?", que existen astros tan lejanos como algunos de nuestros anhelos o que el planeta que habita no es el centro, ni el único, ni el más grande (de nuevo la frustración), estableciendo de forma inconsciente una semejanza consigo mismo.

Pronto descubrirá otros universos pero mientras tanto se divierte girando bajo cualquier luz encendida a la par que comenta: "Ahora es de día, ahora de noche, ahora de día otra vez." Cada noche antes de dormir dice que me quiere hasta Plutón, lugar de su mapa particular en el que aparece señalado el confín del universo. "Yo también te quiero hasta... Plutón", le repito, dudo aunque me contengo, todavía no sería capaz de comprender que muchos de nuestros sentimientos, ante cualquier límite, se desbordarían .






Fotografía : Utopazzo