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lunes, 1 de junio de 2015

Subterfugio XIV: 5º Cumpleaños

"Mirar el río hecho de agua y tiempo
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua."

Jorge Luis Borges


               
    "Guitarra". Madredeus (1995).


Algunas fechas saltan del calendario como un resorte, se liberan de la monotonía, del anonimato de los días comunes, aquellos que no están impresos con recuerdos ni emociones. Un día marcado en el calendario me invita, me insta a asomarme aquí y observar este espacio que se ha vuelto silencioso y estático: Nivel de oxígeno aceptable, temperatura adecuada, pero ni una ligera brisa que estremezca la piel o traiga un incitante aroma desconocido.

Vueltas y más vueltas. Cinco ciclos completos me traen de nuevo a este lugar, en el que ni me quedo ni me voy del todo.¿Cuántas veces recorremos los mismos caminos, rostros, sueños y derrotas? Supongo que solo una vez, solo una aventurada, gloriosa, inmaculada vez que, repetidamente, terminará por parecerse a sí misma.




miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cierres IV.

“Sí, tener noticias tuyas es como abrir una ventana, pero entonces me 

vienen unas ganas casi incontenibles de abrir más ventanas y, lo que es 

más grave (qué locura), de abrir una puerta.”


Mario Benedetti.


El ascensor estaba ocupado. No le quedó otro remedio que sentarse un momento en las escaleras que había junto a los buzones para recuperar el aliento. La carta saltaba inquieta en sus manos. En el anverso aparecía su nombre, con un "Sra." delante que le hizo gracia, en el reverso, el de él. ¡No podía ser!, pero allí estaban su nombre y su letra, sobria, equilibrada, la misma que no leía desde hacía más de treinta años.

Desde que Juan regresó a la ciudad no paró de buscarla por las céntricas calles donde desechaba rostros, uno tras otro, tras una mirada mínima pero eficaz. La buscó en las librerías y cafés remodelados, ubicados en los mismos lugares que frecuentaron entonces. La idea de encontrarla a través de las redes sociales resultó también inútil. La casualidad se lo puso más fácil; la primera tarde de lluvia del recién estrenado otoño le obligó a resguardarse en una cafetería, donde un amigo común, no tuvo problema en contarle más de lo que él estaba dispuesto a preguntar.

La carta le pareció la manera menos invasiva, más respetuosa, de dirigirse a ella: de esta manera podría tomarse su tiempo, decidir si respondía o no, Si no obtenía respuesta siempre le quedaría el consuelo de pensar que la dirección era errónea, que se había extraviado, que algún vecino vengativo la sustrajo del buzón porque, quizás, tenía un perro que ladraba por las noches.

Pese a lo que había pensado los días anteriores, no estaba nerviosa. La imagen que devolvía el espejo le gustaba, se sentía segura, alegre. Sonrío al imaginar la cara de Juan cuando la viera con su cuidado y costoso cabello blanco, la última vez que se vieron lucía una melena caoba que se precipitaba por su espalda hasta la cintura. Nunca había tenido una cita en su casa, tomó esa decisión años atrás, sin embargo, había dado cobijo a multitud de familiares que venían a pasar unos días a la capital, a jóvenes Erasmus -amigos de los amigos de sus sobrinos- e incluso, a alguna inmigrante sin papeles.

El timbre sonó cálido y familiar. Cada paso hacia la puerta empujaba a la habitación de los trastos los fantásticos viajes para "singles", la única copa en el fregadero, las dudas y certezas digeridas en silencio, el previsible e inofensivo frío de las noches de invierno.


sábado, 5 de julio de 2014

Motivación IV: Anhelos.

"Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo, sino que primero has de evocar en los hombres el anhelo de mar libre y ancho".

Antoine De Saint Exupery




Siempre que abro una caja de Lego siento cierta desazón. Ver tantas piezas pequeñitas y variadas dispersas de forma aleatoria sobre la mesa me hace pensar en el Principio de Incertidumbre, que no acabo de entender, sin embargo, las instrucciones del juguete son infalibles, dejan poco margen de duda, cada pieza tiene una ubicación precisa, milimétricamente diseñada para que todo encaje, para que realice una función que, aunque parezca insignificante, se vuelve indispensable en el todo que en este caso es un furgón de policía, con calabozo y preso.




A pesar de que Pablo juega con cuidado pero sin tregua con su nueva adquisición, no puede evitar un pequeño percance. El furgón de policía cae al suelo y el todo de nuevo se disgrega. No parece grave y se atreve a montarlo sin ayuda del librito de instrucciones, pero mientras avanza, comprueba que falta una pequeña pieza; una pieza blanca, de apenas un centímetro cuadrado de superficie que no impide su reconstrucción, aunque sabemos que ya no es igual, conscientes de su nueva fragilidad.

Desde hace tiempo -igual desde siempre y no lo recuerdo- echo en falta una pieza en esta construcción cotidiana que llamamos vida y de la que desconozco color, dimensión y función. Creo que la frase de Saint Exupery puede interpretarse como un excelente manual de instrucciones y comienzo por la primera página: ¿Cómo se evoca un anhelo?

domingo, 1 de junio de 2014

Aniversario IV : Somos, soy.

"Somos todo el pasado, somos nuestra sangre, somos la gente que hemos visto morir, somos los libros que nos han mejorado, somos gratamente los otros." 

Jorge Luis Borges



Xi Pan. "Im Bloom"



Hoy cumplo cuatro años de blog y durante este tiempo han pasado cosas que son pasado, he visto gente morir, he leído libros y mi sangre fluye mansa o encendida por mis venas, sin embargo, no puedo afirmar que sea los otros, al menos, de forma grata. También soy las voces que no me dicen nada, los nombres que no pronuncio y este escepticismo que me acompaña, punzante y balsámico al mismo tiempo.

Las experiencias, sean cuales sean ¿nos hacen mejores? Quisiera asegurar que soy mejor que hace cuatro años, pero no es cierto, quizás no he sabido descubrir nuevas salidas ocultas en el laberinto, o cambiaron azarosamente las marcas que pinté en las baldosas. ¿Deberé ser más paciente y humilde para que las experiencias vividas florezcan en mis manos y en mi pecho? De momento, mi venturosa confianza quedó algo quebrada, no puedo evitar pensar, mientras hablo con alguien, "esto es necesidad, interés, temor o simple cortesía", legítimos, por otra parte. Como contrapartida, me siguen emocionando la bondad, la belleza en cualquiera de sus formas y la valentía de unos pocos, y es que, como dijo Marguerite Yourcenar: "Nada es más lento que el verdadero nacimiento de un hombre"... de una mujer.



domingo, 27 de abril de 2014

Nueve

"Oíd, oíd, qué hermoso río que suena en ti llamando, humano, humano, humano..."

Miguel Abuelo

Pablo y yo a pocos kilómetros del nacimiento del Guadalquivir, seguidos de cerca por la cámara de Rafa él.

Regresamos al tramo del río que tanto te gusta y enseguida comprendes que no es el mismo. Sin el calor y las risas del verano parece más profundo y distante. Te acercas a él sin la determinación de entonces; descubrir bajo su fría transparencia un lecho de piedra produce un poquito de miedo.

Reflejados en sus aguas, el río puede ver cierto desconcierto en tus ojos, tan transparentes como él, evasivos, como diría la abuela. Desde el último estío has aprendido a dividir y a nadar al estilo mariposa, has hecho algún descarte, si esto es posible en un niño... también has descubierto, entre risas, entre llantos, que "la vida es difícil y dura", por eso tiene aún más valor cuando afirmas que eres feliz, porque lo haces desde la consciencia y el aprendizaje. ¿De verdad piensas eso?... A menudo los hijos se nos parecen.

¡Felicidades, Pablo! ¿Te apetece un regalo sin ruedas ni pilas?


 "Canto, río con tus aguas;

De piedra, los que no gritan.
De piedra, los que no ríen.
De piedra, los que no cantan.

Yo nunca seré de piedra;
Gritaré cuando haga falta.
Reiré cuando haga falta,
Cantaré cuando haga falta."

Rafael Alberti.



lunes, 14 de octubre de 2013

Reválida.

"Al mirar atrás
¡ah!
la montaña de la que desciendo
ha desaparecido.
En el lugar donde estoy
la brisa otoñal agita
indolente
la piel que mudó la serpiente."

Ko Un



                             
                                                  The English Patient. (1996)


Me pregunto cuántas veces mudados la piel a lo largo de nuestra vida. En ocasiones, con premeditada intención y esfuerzo, la cambiamos por una radicalmente diferente, pero con el paso del tiempo, comprobamos que se parece demasiado a la anterior. En otras, la piel dejada atrás nos parecerá tan extraña como aquellos amigos que un día, dejaron de serlo,  De todas formas, poco importa lo parecida o extraña que sea,  lo importante es que cambiamos y en el proceso una parte de nosotros queda atrás.

Una vez transité la cara oculta de la Luna y desde entonces mi ángulo de visión ha cambiado; no es necesariamente mejor, ni peor, quizás tiene mayor amplitud y menos filtros. Me hace ver más claros y más oscuros, soy más feliz y más infeliz y me insta a revalidar el propósito de no dejar atrás una piel que no se haya estremecido con cada nuevo descubrimiento, con Cicerón o sin él, con antorchas resplandecientes o sin ellas.


domingo, 29 de septiembre de 2013

Retorno a la luz interior II

"Conozco el calor que no se olvida
cuando se tuvo en brazos
un niño dormido
o un hombre despierto."



Parcela de mundo vista desde mi terraza (Fotografía:  Rafa él)


Doy por concluida la temporada de veladas en mi pequeña terraza con vistas al mundo, porque desde mi terraza veo un mundo que sobrecoge con su amplia gama de contrarios: cantos de pájaros y tubos de escape generadores de ruidos infames, jóvenes con mochila y jubilados que transitan su camino diario de direcciones opuestas, ventanas abiertas, ventanas cerradas, nidos de golondrinas y camiones de basura, amaneceres de postal y lunas dignas de poetas enfebrecidos...

Desde mi privilegiado mirador he sido testigo, de este a oeste, de un ciclo solar completo, desde las ramas desnudas reflejadas en los charcos sucios de la ciudad, a la nieve en las cumbres de montañas cercanas; desde los árboles periódicamente cubiertos de vida, hasta el verano de risas y zambullidas en el agua, tan recientes, que todavía resuenan en mis oídos... Ahora, es tiempo de que el reloj regrese a mi muñeca, de horarios superpuestos en el tablón de corcho, marcando mis días, negociando nuevos ritmos. También es el momento de regresar a la luz interior, la que brilla con fuerza cuando todo se vuelve hostil, la luz que ejerce un efecto llamada de viejo calor conocido, generador, ese que te cobija aunque no lo necesites. Para el necesario tengo una manta naranja, algunos brazos y mi capa de escepticismo que, como cada otoño, comienza a engrosarse. De otra manera ¿soportaría el invierno?



sábado, 31 de agosto de 2013

Subterfugio XII: Maletas.

"No te nombro; pero estás en mí
Como la música en la garganta del ruiseñor
Aunque no esté cantando."

    Dulce María Loynaz.



"Composición con maletas",  Cristóbal Toral

Cada vez que se disponía a hacer la maleta se enfrentaba a un verdadero reto. Desplegaba sobre la cama método y sentido común: "ligeros de equipaje," ese era su lema antes de iniciar una nueva aventura, un nuevo viaje.

De experiencias anteriores comprendió que era imposible proveerse de ropa para cada probabilidad meteorológica, así que descartó los extremos y confió en la predicción del tiempo para los próximos siete días. Ni joyas ni bisutería, tampoco zapatos de tacón "por si se presenta una ocasión especial", de viaje, todas las ocasiones deberían ser especiales, si no era capaz de entender esto más valdría quedarse en casa. El botiquín quedó reducido a la mínima expresión: agua oxigenada y tiritas, y el pequeño costurero hacía tiempo que se encontraba fuera de la lista, segura de que la falta de un botón no arruinaría su deseo incontenible de viajar. Sin embargo, sus maletas, parecían cada vez más pesadas.

Lo descubrió una noche mientras guardaba el cepillo de dientes antes de la inminente partida: entre los pliegues de la ropa, las páginas del libro, los botecitos del neceser....¡su maleta estaba plagada de ausencias! Las había de todas las dimensiones afectivas, encontró sueños ausentes, lugares, seres queridos que ya no estaban o seres queridos que ya no eran; ausencias recientes y caducas o remotas y perennes como las hojas de los olivos.

Hizo y deshizo varias veces su equipaje, eliminó cuanto pudo, cambió unos objetos por otros pero el peso era prácticamente el mismo: todo lo podía sustituir menos las ausencias, estaban bien adheridas mediante raíces alimentadas a base de costumbres  y recuerdos. Deshacerse de ellas le ocuparía bastante tiempo.

Durante varios ciclos transitó días luminosos y tardes de niebla, leyó las obras completas de Antonio Machado y algún "best seller" intrascendente, sopló velas propias y brindó por las ajenas, descubrió y olvidó, propuso y descartó. Calzó sandalias, zapatillas y botas de agua. Cocinó viejos platos familiares, para uno, para varios, e incluso se atrevió con la cocina fusión...

Todavía faltaban meses para las próximas vacaciones pero no podía esperar más, su curiosidad era aún más fuerte que la ilimitada paciencia de la que hacía gala. Desde el último peldaño de la escalera metálica tomó aire antes de abrir el altillo. La maleta tenía el aspecto de siempre, voluminosa, contundente, pese a tener las aristas redondeadas. A la primera toma de contacto sintió su ligereza y una vez sobre la cama abrió rápidamente la gran tapa azul. Allí seguían todas sus ausencias, incluso se había incorporado alguna más, pero éstas, habían propiciado la aparición de una multitud de nuevas presencias, no reconocidas hasta ahora, que convivían en un eficaz y ligero equilibrio.

Y recordó los versos de Machado:

 " Mientras la abeja fabrica,
 melifica,
con jugo de campo y sol,
yo voy echando verdades
que nada son, vanidades
al fondo de mi crisol.
De la mar al percepto,
del percepto a la idea
¡oh, la linda tarea!
de la idea al mar
¡Y otra vez empezar!" 





sábado, 27 de abril de 2013

Ocho

"El Principito salió de su mundo en busca de aventura y en cada planeta se topó con una lindeza del alma humana. No se levantó del pupitre, sino que aprendió la lección y se la recitó al mundo."

Antoine de Saint-Exupéry


"Mon petit prince" va saliendo de su mundo. Le cuesta, porque el otro mundo, el "real", ese en el que por momentos coincidimos todos, se lo ha puesto difícil en el último año. Ha sido un ciclo de pérdidas, de cambios, de lluvia y antibióticos inútiles. Ha experimentado el dolor de las ausencias, lo irremediable de la muerte, y comienza a comprobar cómo los afectos nacen, crecen, se reproducen y mueren "¿También son seres vivos?", aunque afortunadamente también hay hechos que no cambian "ocho por cuatro treinta y dos"...

Hoy cumple ocho años y aún no le he comprado nada -ya tuvo su fiesta de amigos y regalos-, prefiero regalarle la frase de Saint-Exupéry. Es un regalo valiosísimo, lo sé, encontrar la lindeza del alma humana y recitarla al mundo nos llevará tiempo y empeño, pero ya hemos comenzado a derribar torres habitadas por fantasmas, apartamos sutiles telas de araña y dejamos caer poco a poco saquitos de arena, que vistos desde  muy arriba, no alcanzamos a entender por qué nos parecían tan pesados. 





El lunes mientras caminaba hacia mi trabajo sintonicé en una emisora de radio esta canción...o ella me sintonizó a mí. La he buscado en You Tube pero ninguna de las versiones que he encontrado puede verse en Blogger. Siento la publicidad, pero tenía que ser ésta.


domingo, 24 de marzo de 2013

Subterfugio XI: Jazmines

 "A veces me escribe la infancia
 una tarjeta postal: ¿Te acuerdas?"

Michael Krüger 

Qué maneras más curiosas de recordar...


En una de estas tardes, una tarde como cualquier otra, avanzo bajo la lluvia parapetada por paraguas y auriculares escuchando un programa de radio en el que los oyentes hablan de sus flores favoritas y el motivo por el que lo son. La memoria funciona así, de manera caprichosa, azarosa, y enseguida brota de mi boca la palabra jazmín. No llega sola, viene acompañada de un tesoro que había olvidado. Algún enter activó de manera precisa una llave dispuesta a abrir una cerradura o presionó algún resorte debilitado, lo cierto es que una oleada de emoción asociada al recuerdo fue bajando por mi médula espinal hasta liberarse a la altura del pecho, la garganta más tarde, encontrando finalmente el canal de salida de los ojos, en forma de lágrimas. Camino deprisa y llueve torrencialmente; nadie parece darse cuenta.

Debía tener seis o siete años aquella mañana de un verano en su pleno apogeo en la que desperté confundida al percibir alborozo en la voz de mi madre.

-¡Vamos, ven al patio. Esta noche ha nevado!

Infancia y pereza son contrarios siempre que exista una promesa de novedad escondida en cualquier rincón, así que la sigo sin tiempo de desperezarme un poquito, sin frotarme los ojos siquiera... El suelo de arcilla roja del patio amaneció cubierto por decenas de jazmines blancos. Realmente parecían copos de nieve permanentes y cálidos, de aroma dulzón. Nunca había visto tantos, mi madre solía barrer y regar el patio antes de que despertáramos, en parte para avanzar en su quehacer diario, pero con total seguridad porque aquella actividad solitaria del amanecer debía suponer un auténtico placer en medio de su rutinaria tarea de hacer camas y fregar suelos y platos.

Al comienzo de cada verano, en un acto que parecía mágico, del ceniciento tronco del jazmín brotaban ramas y más ramas y de éstas, hojas y más hojas, que se enredaban en un entramado de alambre que cubría todo el patio. 

Cualquier día, regresaba de las calurosas y festivas mañanas de colegio de finales de junio y lo descubría como si hubiera crecido de repente, para darme una sorpresa tras mis breves horas de ausencia. La medida del tiempo en la niñez, es otra.

Mi madre tenía "buena mano" para las plantas fundamentada en cuidados muy básicos pero perseverantes,  un toque de intuición y una fe inquebrantable en el poder de la Naturaleza, segura de que ésta sabría compensar sus descuidos y errores. Pero al jazmín se topó con la solidez de mi padre y su elogio de la firmeza y los buenos cimientos. Mientras la mirada de todos trepaba por las ramas de la planta, la de mi padre se centraba en el arriate junto a una de las paredes de la casa y en los centímetros cúbicos de agua que engullía cada verano. Una pequeña grieta que ayer no estaba, un imperceptible milímetro de separación entre el suelo y la pared, una ligera curvatura en el terreno; el hecho es que hubo que cortar el jazmín como antes se cortó el melocotonero y después, la hiedra. 

Ahora, que mi padre ya no está y la presencia de mi madre se vuelve más frágil trato de reconocerme en ambos; en la solidez de mi padre, sin duda, aunque si la ocasión lo requiere, también puedo andarme por las ramas.

Aquella mañana de julio mi madre me colocó en el centro del patio y comenzó a sacudir con fuerza el tronco del arbusto para que una nevada de jazmines cayera sobre mi pelo.


sábado, 2 de marzo de 2013

De problemas.

"Conocíamos el mundo a la perfección: 
-era tan pequeño, que cabía en las manos,
tan fácil, que se dejaba describir con una sonrisa, 
tan común, como en el rezo el eco de verdades remotas.

La historia no nos recibía con trompetas victoriosas:
-nos arrojó en los ojos arena sucia.
Ante nosotros, los caminos eran largos y ciegos,
los pozos envenenados, el pan amargo.

Nuestro botín de guerra es el saber del mundo:
-es tan grande, que cabe en las manos,
tan difícil, que se deja describir con una sonrisa,
tan extraño, como en el rezo el eco de verdades remotas."


Wislawa Szymborska




Trato de enseñar a mis alumnos a resolver problemas, si es que tal cosa es posible. Me refiero a problemas de sumar, restar, multiplicar y dividir y sus múltiples combinaciones.

Les cuesta, les cuesta muchísimo, salvo algún prodigio que surge de vez en cuando y que me llena de admiración e inseguridad, por si me pilla en un despiste. 

También mi hijo se enfrenta a la tarea de leer enunciados y cuestiones a las que debe buscar una solución, para mí tan evidente,  mientras a él le supone enfrentarse al universo de la incertidumbre, cada vez más profundo, apasionante e incierto. Me observa con atención esperando algún gesto que lo oriente en su reto; mi ceño, ligeramente fruncido o un contenido movimiento del rictus hacia el lado izquierdo de mi cara.

Enseñarles a pensar matemáticamente es una de las competencias que trabajamos desde la escuela, dotarles de una serie de estrategias para que sean capaces de abstraer y aplicar ideas matemáticas a otras situaciones. A otras situaciones. Este es el auténtico problema: la diversidad y complejidad de esas nuevas situaciones hace que nos enfrentemos a ellas como eternos novatos. Introducir el más mínimo cambio en el planteamiento del problema hace que nuestra seguridad anterior comience a tambalearse o pone en duda el valor de nuestra experiencia, aunque siempre nos queda el recurso de la memoria o la intuición y la necesidad de asumir de nuevo el error... tan grande, tan difícil, tan extraño.






viernes, 14 de septiembre de 2012

Perdonen las molestias

Me han salido canas.

Recuerdo aquella frase que decían mis padres y los mayores en general: "las canas salen a consecuencia de los disgustos" y que a mí me parecía una solemne estupidez; lo determinante en este caso debería ser la herencia genética y el inevitable proceso de envejecimiento. Sin embargo, después de este verano, acepto que algo de verdad esconde este dicho ya que en un par de meses he pasado de exhibir -no sin cierto orgullo- una melena cuarentañera libre de tintes, a tener que plantearme pedir cita en la peluquería para poner remedio a este mal tan común.

Retomo el curso no solo descubriendo nuevas canas en cada mirada al espejo, sino con la sensación de tener horchata en las venas. Vivo en un estado semianestésico en el que afronto el día a día con una tranquilidad desconocida y con niveles de escepticismo próximos a prima de riesgo española, después de asumir ceses y eternidades y comprender que el auténtico verano para un niño es la salud, que es absurdo prepararse para la ausencia de un ser querido, que los cambios libremente elegidos pueden ser tan difíciles como los impuestos, que quién dijo aquello de "borrón y cuenta nueva" pretendía engañarse a sí mismo.

Este poema de Eeva Kilpi me parece extraordinario. De una manera concisa y hermosa nos revela la continua paradoja que provoca en nosotros el amor...o la vida, esa vida que debería de venir acompañada de un entrecomillado "perdonen las molestias". 


"Dime si molesto,
dijo él al entrar,
porque me marcho inmediatamente.

No sólo molestas,
contesté,
pones patas arriba toda mi existencia.
Bienvenido."


¡Bienvenida!



 

martes, 7 de agosto de 2012

Barbecho


Barbecho, en agricultura o jardinería, se denomina así a una tierra que se deja sin sembrar o cultivar durante una o varias temporadas, siguiendo una tradición que comenzó a practicarse en la Edad Media en Europa. El objetivo del barbecho es recuperar y almacenar materia orgánica y humedad para asegurar la fertilidad de la tierra.


Podría decir que no escribo porque no encuentro tiempo en mis largos meses de vacaciones, o por falta de ánimo...o de ganas, o porque el blog quería tomarse un respiro, pero no se trata de eso. 

Mi blog está en barbecho porque yo, en cierto modo, también lo estoy. No es un barbecho quieto y manso, consciente y expectante, sino un barbecho activo e impuesto desde el que veo pasar el verano sin que su despliegue de sensaciones, sutilezas y excesos pase un día entero conmigo.

Podría decir que este blog está en barbecho, pero no es del todo cierto, si lo estuviera, no existirían estas palabras, aunque prefiero utilizar -una vez más- las palabras de Mario Benedetti que vienen a decir lo que yo no alcanzo: "De vez en cuando es bueno ser consciente de que hoy, de que ahora, estamos fabricando las nostalgias que descongelarán algún futuro."





martes, 3 de julio de 2012

Solsticio


Hace tiempo me ronda la idea de que vivo una etapa de solsticio de verano, ese punto álgido y pleno a partir del cual no puedes hacer otra cosa que descender, no por el cansancio, los reveses, ni los años cumplidos, sino por el hecho de traspasar el meridiano a partir del cual, transcurridas unas cuantas rotaciones, divisarás un horizonte cierto e inédito, marcado por las pérdidas.

Mi padre murió hace unos días después de una larga vida de lucha irrenunciable hasta su último aliento, que me perdí.

Estamos biologicamente programados para vivir y desde que nacemos luchamos por la supervivencia, por la felicidad, el poder o el deseo intentando dar sentido a lo que no lo tiene. Son muchas las batallas que ganamos día a día y debemos celebrarlo con verdadera alegría, porque la última será una batalla tan necesaria como perdida.




                   "Struggle for pleasure"  (Win Mertens Ensemble)




miércoles, 20 de junio de 2012

Exámenes finales


"Donde hay satisfacción no hay revoluciones"

Confucio






Durante las últimas semanas he dedicado horas y horas de mis fugaces tardes a corregir exámenes,  calcular estadísticas de resultados y redactar informes y más informes.

Este año, en el colegio donde trabajo, nos enfrentamos a la tediosa tarea de las pruebas finales con cierto grado de optimismo, ya que después de los pobres resultados del curso pasado decidimos hacer una pequeña revolución y cambiar de la A a la Z aquello que consideramos mejorable: Organización de refuerzos y apoyos, reelaboración de contenidos básicos, pruebas iniciales y finales adaptadas a las características concretas de cada grupo, aplicación de lo último en estrategias de lectura comprensiva y mucho más que no cito por no aburrir a nadie y sobre todo por no ensañarme conmigo misma.

Esta mañana, he esperado a que mi grupo de alumnos de 5º curso de primaria se acomodase después del recreo. Trás conseguir el mínimo de atención he hecho una gran bola de papel y la he lanzado a la papelera de reciclaje con evidente mal humor, logrando así que la atención sea total.

-Esa bola de papel ha sido nuestro trabajo de todo un año y lo hemos tirado a la papelera- sentencio.

Comprendo que los chicos a estas alturas de curso están cansados, que la climatología juega en nuestra contra, que son alumnos con circunstancias especiales, que las expectativas familiares son muy bajas, pero cada uno de estos factores han sido tenidos en cuanta a la hora de evaluarlos.  El factor determinante me lo dejó claro un alumno mientras realizaba la prueba de matemáticas retrepado en la silla mientras mordisqueaba un lápiz : "Seño, es que no hay ganas"...

Por otra parte, no habrá oportunidad de corregir esta "eventualidad" ya que después de tres años tendré que abandonar un colegio en el que me siento como pez en el agua.

Para rematar la faena tuvimos que cumplimentar un informe de autoevaluación respondiendo a cada cuestión en una escala del 1 al 4, en la que se evidencia de una manera muy clara y gráfica la desconexión total entre la inversión de tiempo y esfuerzo con los resultados obtenidos. La última cuestión acaba con la autoestima de cualquiera "Grado de satisfacción personal en función de la relación establecida entre la práctica docente y los resultados: nada satisfactorio - poco satisfactorio - satisfactorio - muy satisfactorio."

Terminado el informe sólo queda fotocopiarlo. Me cruzo con una compañera que acaba de hacer lo mismo y avanza arrastrando el cansancio de las últimas semanas; como nos conocemos muy bien ni siquiera hablamos, simplemente nos mostramos el informe con rapidez mientras avanzamos por el pasillo en dirección opuesta... parece que no soy la única insatisfecha.




"(I Can´t Get No) Satisfaction". Rolling Stones


miércoles, 16 de mayo de 2012

Patio de luces

"La belleza es el resplandor de la verdad,
 y como el arte es belleza, sin verdad no hay arte"

Antoni Gaudí



Como cualquier tarde me dispongo a tender la ropa de la lavadora y mientras miro al patio de luces  llego a la conclusión de que se trata de un lugar tan poco bello como evolucionado. Durante los últimos catorce años he tendido la ropa en él, al sol o a la sombra, varias veces por semana, y observo que no ha sufrido ningún cambio desde entonces, a excepción de la reciente y más que necesaria mano de pintura resuelta con la última derrama.

En mi patio de luces siempre se escuchan las mismas voces, no me refiero a las de los vecinos, que hasta el octavo llegan atenuadas, sino a las de los televisores de la tarde en la que invariablemente se oye a una Belén Esteban -o similares- cuya sempiterna indignación debería ser canalizada en algo constructivo, para  beneficio de todos. También se escucha música inclasificable, una especie de sucedáneo de flamenco y el último número uno de los cuarenta principales -creo- que casi siempre desconozco; a esta sinfonía hay que añadir las señales horarias de la cadena SER o de RNE, que escapan desde la ventana de mi cocina, proporcionando un rítmico contrapunto. El "sonido" de internet no llega hasta el patio, ni las risas de los niños que continúan siendo una significativa minoría en el bloque. La comida tampoco parece haber sufrido variaciones temporales, nada de cocina experimental, evolutiva ni exótica, sólo percibo viejos y familiares aromas de contundentes potajes, socorridos fritos y fáciles tortillas.

Trato de buscar en el patio alguna señal de actualidad, aunque sea de la omnipresente crisis, pero de momento se me escapa. La ropa tendida, así sin gracia, mojada y arrugada no parece tan Desigual, mucho tendría que observar, y muy de cerca, para poder distinguir entre ropa de diseño y la cosida a conciencia por Josefa, la modista del barrio de toda la vida; entre la comprada en el mercadillo de los jueves o la de alguna tienda "outlet"...



 Patio de luces de la Casa Milà (1906-1912). Antoni Gaudí


Supongo que un patio de luces permanece indifrente a los cambios porque es un lugar al que nadie mira, ni se ocupa, ni se transita, un lugar que a pesar de su nombre es resistente al paso de la luz y solo aparece bello en los sueños de los verdaderos genios.