para empezar a levantarlo por la mañana
y no terminarlo nunca."
Federico García Lorca
La prensa nos confirma la noticia "esperada". Esperada por prevista, pronosticada, no por deseada: el número de personas desempleadas en el mes de febrero bate un nuevo récord, 630.000 personas pierden su empleo y con él, su estabilidad, su calidad de vida. Esta reflexión me lleva a hacer una especie de balance personal de este mes de febrero, que se salda con la pérdida de tres macetas, dos de las cuales me duelen especialmente; una porque su supervivencia parecía imposible, ¡pero era!, repleta de espléndidas flores tropicales en un balcón orientado al norte, donde la luz del Sol es un vago recuerdo de las largas tardes de verano; la otra, porque era el regalo de un alumno muy especial, cuya diferencia vive con la dificultad y el dolor que produce la mediocridad que trata de arrastrar al que osa apartarse de ella, si ésto no ocurre, se aparta al diferente, que en este caso, se refugia en la creación de un mundo más grande y más bello donde es probable que alcance momentos de felicidad, cuando descubra que los números primos también son infinitos.
En febrero casi pierdo a mi padre, aunque tampoco lo he recuperado del todo; mi madre sufrió una "esperada" caída y tiene por delante (tenemos) el reto de una lenta y larga recuperación...De nuevo un viento imprevisto sopla con fuerza y levanta las piezas de un puzzle que construyo con constancia y empeño, y todo cambia, horarios, rutinas, lo que parecía importante ahora no lo és, lo que creía que estaba en su sitio no lo está, aunque sí descubro que están los de siempre, más o menos uno.
Como cada dos de marzo un rayo de sol vuelve a colarse por la ventana de la pequeña habitación con vistas al patio de luces, indiferente a nuestras pequeñas o grandes catástrofes, a nuestras pequeñas o grandes pasiones; aparecería el mismo día y formando el mismo ángulo aunque yo no lo esperase, aunque en el lugar de mi ventana se irguiera la torre de una iglesia, una montaña o se extendiese un valle. Aparecería para iluminar el pequeño rectángulo de suelo donde encuentro diseminadas las piezas del puzzle, que concienzuda y serenamente, vuelvo a recoger.
