
La ignorancia y la indiferencia son dos males que dañan el alma de las personas y por tanto a la sociedad. Decidir qué es peor sirve de poco, quizá, en el caso de la ignorancia podamos buscarnos una excusa, echando balones fuera; los planes educativos que no funcionan, no poner en valor el esfuerzo, la escasa divulgación de la cultura y el arte en los medios de comunicación... En el caso de la indiferencia, la responsabilidad recae en la conciencia individual de cada uno de nosotros. Ser indiferente ante el dolor o la injusticia es algo que simplemente no nos deberíamos permitir y aún, no siendo indiferentes, tendríamos que plantearnos tomar una actitud más activa y comprometida ante la indiferencia de los otros.
"No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un lugar tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo."
Mario Benedetti.